Donde las águilas no lloran nunca
tu pensamiento se perdió asustado.
Cabalgó sin parar
un largo tiempo
montado a mis espaldas,
sin caballo.

Me azotaba la piel
con sus cabellos,
con su lengua de fuego
me besaba.
Me azotaba
con sus espuelas de oro,
me cedió su descomunal mirada.

Locos gritos de ojos
que no brillaban,
lechos lascivos
que no me llamaban.
Nubes de furia
que no vomitaban,
labios asesinos
que se callaban.

Golpes de tacón
destrozando el suelo.
Mil estrellas
violadas por el Sol.
Perros lamiendo
las puertas del cielo,
payasos custodiando mi prisión.
Golpes de tacón
destrozando el suelo.

Cabalgó perdido tu pensamiento.
Asustado, cabalgó sin parar.
Y al chocar sus espuelas
en mis muslos
le arrojé con fuerza
sobre tu altar.

Duración: 3:55
Letra: Vicente Garrido
Música: AntikraciA