Cedió el quebranto
bañado en alcohol.
Ardía el viento
rozando mi voz.

Todas mis llagas
rezumen temor
y ahora recuerdo
que no hubo perdón.

No hay lamento
que me pueda excusar,
no hay mentira
que me pueda ayudar.
Las mentiras
son un gran edredón
para una cama
de hielo y dolor.

Y las horas pasan
en mi habitación.
Las horas pasan
sin quererlo yo.
La muerte es el remedio
a mi soledad,
pero nunca he sido
capaz de matar.

Salto muros
más altos que el Sol,
me derrumbo
en mi propio sillón.
Empiezo guerras
que no se acabar,
pierdo trenes
que puedo atrapar.

Rompí por miedo
todo mi poder,
clavé alfileres
sobre mi piel,
me hundí en el barro
casi sin querer
y ahora recuerdo
lo que sacrifiqué.

No hay lamento
que me acerque ahora a ti,
no hay mentira
que te haga sonreír.
Las mentiras
estuvieron bien,
pero a la verdad le dio por aparecer.

Y el cielo aguanta
esta lluvia de marfil.
El cielo, este insomnio
febril.
La muerte es el remedio
a tu estupidez,
pero nunca he sido
capaz de ceder.

Duración: 4:35
Letra: Vicente Garrido
Música: AntikraciA