Ya han muerto todos los dioses
y sólo quedamos tú y yo.
Preñados de angustia,
chupando los senos
de la subversión.

El Whisky, el polvo y la lluvia;
el tiempo de la indignación.
Hombres de púrpura en mis heridas.
Suicidio lento es esta vida.
Todo da vueltas a mi alrededor
y no lo quiero remediar.

Ya no hay héroes,
ya no hay gloria.
No hay coronas de laurel.
Todo se empieza a caer.
Ya no existe escapatoria.

Ya nada es cuestión de fe.
Morir es igual que nacer.
Y cuando todos me hayáis repudiado
volveré a estar de nuevo a vuestro lado.
Sabed que mis manos son inclementes
y no lo quiero remediar.

Ya han muerto los desertores,
no hay flores para el traidor.
La noche cambia de postura
y sobre tu espalda tú y yo.

El miedo, el odio y la desidia
alimentan esta canción.
Y cuando todos me hayáis repudiado
volveré a estar de nuevo a vuestro lado.
Sabed que mis manos son inclementes
y no lo quiero remediar.

Duración: 2:05
Letra: Vicente Garrido
Música: AntikraciA